VIAJE A LA COSTA TROPICAL DE GRANADA Y PROVINCIA DE JAÉN-CAPÍTULO II-ALMUÑÉCAR-LA HERRADURA-SALOBREÑA-ALMUÑÉCAR
Capítulo III





Aunque administrativamente es una pedanía de Almuñécar, La Herradura tiene alma de pueblo marinero propio. Pasear por su bahía te hace entender por qué los piratas la amaban tanto: su forma de herradura natural la convierte en un refugio perfecto frente al viento.Tiene unos 3.100 habitantes censados, aunque en verano esa cifra se multiplica fácilmente, ya que es uno de los destinos favoritos para el turismo de buceo y náutico.A pesar de pertenecer a Almuñécar, los "herradureños" están muy orgullosos de su identidad propia. Se nota en su ambiente, un poco más bohemio y relajado que el de su vecina más grande.Es, probablemente, el mejor lugar de la España peninsular para bucear. Al estar protegida por el Cerro Gordo y la Punta de la Mona, sus aguas son tranquilas y transparentes. Sus fondos marinos están llenos de corales naranjas y cuevas submarinas.El Puerto Deportivo Marina del Este Está situado en el lado este de la Punta de la Mona (entre La Herradura y Almuñécar). Es un puerto precioso, muy exclusivo, construido entre las rocas. Es ideal para pasear y ver barcos o cenar en un ambiente más sofisticado. En esta ocasión no fuimos a vero, yo ya lo conocía de antes.El Desastre Naval de 1562 Es un dato histórico brutal para el blog. En esta bahía se hundieron 25 galeras de la Armada Española debido a un fuerte temporal. Murieron unas 5.000 personas. Fue una tragedia tan grande que el propio Miguel de Cervantes la mencionó en El Quijote. De ahí que el museo del Castillo sea tan relevante.



Ya en Salobreña, a unos 9 km del Hotel Playa Cálida, aparcamos en la zona del Ayuntamiento nuevo, abajo, en la zona llana.
Aunque la oficina de turismo de la Plaza Goya estaba cerrada, nos dejamos llevar por el instinto y la IA y empezamos a subir... y subir.
Salobreña es el prototipo de pueblo andaluz con encanto: calles estrechas, paredes blancas impolutas y macetas de colores que te guían hasta la cima de la colina.
La Bóveda (Calle Martín Recuerda). Desde la plaza, nos adentramos por la calle Martín Recuerda para pasar bajo La Bóveda, aunque no fue en este momento, sino cuando vimos el castillo y nos dirigíamos al Barrio del Albayzin.
Es un pasaje medieval que servía para conectar el núcleo de la villa con el antiguo barrio del Albayzín. Cruzar este arco es como atravesar un portal en el tiempo.
Dentro de ese pasaje hay pequeños altaritos con santos y flores, que casualmente nos encontramos a la señora que se encarga de limpiarlos y mantenerlos y estuvimos hablando con ella.
El Castillo Nazarí: Una prisión de lujo
Es, sin duda, el plato fuerte. Coronando el pueblo a 73 metros de altura, esta fortaleza tiene una historia fascinante:
Residencia y cárcel: No solo defendía la costa, sino que fue el lugar donde los sultanes nazaríes veraneaban... o donde encerraban a sus familiares "incómodos". Reyes como Yusuf III o Muhammad VIII pasaron años entre estos muros.
Vistas 360°: Desde sus torres, la panorámica es única. A un lado, el azul del Mediterráneo y el Peñón; al otro, el verde de la vega del río Guadalfeo y, al fondo, las cumbres de Sierra Nevada.












El Peñón de Salobreña: Este enorme promontorio rocoso es el símbolo de la playa. Lo que hoy vemos como una roca en la arena, hace siglos estaba totalmente rodeada de agua; era una pequeña isla. Con el tiempo, los sedimentos del río Guadalfeo "rellenaron" el espacio y lo unieron a la tierra.
Es un lugar ideal para:
Subir a pie: Tiene un sendero habilitado para llegar a lo más alto y ver toda la bahía.
Observar el fondo marino: Sus paredes de roca se hunden en el mar, lo que atrae a muchos peces (y a pescadores). Nosotros en esta ocasión no subimos, se nos estaba haciendo tarde y teníamos que regresar al hotel.
Lo que sí os llamó la atención una especie de pequeños ríos de agua que desembocan en el mar.
Como nos explicaron los operarios de Protección Civil, son balates que en realidad son canales de drenaje históricos. Salobreña está rodeada de una vega fértil que se inunda fácilmente debido al nivel freático alto. Los balates sirven para evacuar el exceso de agua dulce del riego y de los manantiales de la zona hacia el mar.
Aunque el agua puede arrastrar sedimentos o restos de vegetación de las fincas (lo que le da un aspecto turbio a veces), no son vertidos fecales. Es agua dulce de la tierra.
La prohibición de bañarse: A pesar de ser agua dulce, está estrictamente prohibido bañarse en la desembocadura de estos balates. Protección Civil lo advierte por razones de higiene y seguridad (corrientes pequeñas, fondos inestables o acumulación de materia orgánica).
La realidad en la playa: Como bien observamos, la gente suele hacer caso omiso. Vimos como niños pequeños, al no haber peligro de oleajes se estaban bañando en estos "riachuelos" o a personas refrescándose justo donde el balate se encuentra con el mar, ignorando las advertencias oficiales.
















































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