El Regreso a la Ciudad que Desafía al Desierto: Dubái.
Nuestra llegada a Dubái marcaba el punto final de nuestra travesía y el último capítulo de este blog. Aunque solo estaríamos dos días, sabíamos que esta sería la ciudad que veríamos con mayor detalle.
El barco atracó sobre las 09:00 de la mañana. Tras el desayuno y el desembarque, nuestro grupo de diecinueve personas se dividió en varios taxis. El trayecto desde la Terminal de Cruceros (Port Rashid) hasta la base del Burj Khalifa es de aproximadamente 12 a 15 kilómetros, unos 20 a 25 minutos, dependiendo del tráfico. Nuestro taxi nos costó, al cambio 19,43€, hubo diferentes precios dependiendo del tamaño del taxi y personas que transportara.
El camino es una exhibición de ingeniería. Sales del puerto y pronto te incorporas a la arteria principal, la Sheikh Rashid Road, autopista de seis carriles para cada lado, alucinante. Es como conducir por una película de ciencia ficción: a ambos lados se levantan rascacielos de cristal y acero que parecen competir entre sí, el impresionante skyline del centro financiero antes de que la silueta del Burj Khalifa domine por completo el horizonte.
Pasamos por delante de una de las estructuras más curiosas que han aparecido en el skyline, el Dubái Frame (el Marco de Dubái) es una de esas locuras arquitectónicas que solo pueden existir en una ciudad como esta. Es, literalmente, el marco de fotos más grande del planeta y sirve como un "puente en el tiempo".
Inaugurado en 2018, es literalmente un marco de fotos gigante de 150 metros de altura revestido de un reluciente acero dorado.
Aunque no paramos para verlo de cerca, es impresionante visualizarlo desde la carretera. Lo más ingenioso es su concepto: está situado de tal forma que enmarca el Dubái moderno (con el Burj Khalifa) si miras hacia un lado, y el Dubái antiguo (los barrios de Deira) si miras hacia el otro.
Es, básicamente, un puente arquitectónico entre el pasado y el futuro de la ciudad que no deja a nadie indiferente.



La Cascada de los Saltadores (The Waterfall): Fuimos hasta uno de los extremos para ver la famosa cascada con las esculturas de los saltadores de perlas, una obra de arte que ocupa todas las plantas del mall.
Es una caída de agua impresionante que atraviesa las cuatro plantas del centro comercial. Lo que la hace especial son las esculturas de fibra de vidrio de saltadores de perlas que parecen lanzarse al vacío.
Es un homenaje a la historia de Dubái (antes del petróleo, vivían de las perlas) y el efecto visual con el agua cayendo es relajante y majestuoso a la vez.
Tras un café rápido para reponer fuerzas, antes de las 15:30, nos dirigimos a la puerta acordada. Allí nos esperaba nuestro minibús y el resto de los compañeros.
A las 15:30 teníamos nuestra cita, pero lo que no sabíamos era que llegar a la puerta acordada del Dubai Mall sería una excursión en sí misma. Si por fuera las distancias engañan, por dentro los pasillos parecen multiplicarse. Seguimos el GPS del móvil, que nos llevó por una ruta interminable atravesando incluso zonas de aparcamientos subterráneos. ¡Parecía que el centro comercial no quería dejarnos salir!
Finalmente, logramos reunirnos con el grupo y subimos al minibús. ¡La aventura continuaba y nuestra excursión programada estaba a punto de empezar!
Este fue el recorrido y paradas, más o menos que hicimos con el bus.
Desde el Dubái Mall pusimos rumbo a la playa de Jumeirah para contemplar el icónico hotel Burj Al Arab. De allí, nos dirigimos al centro comercial Souk Madinat Jumeirah y, tras visitar el famosos palmeral recorriéndolo por tierra, continuamos hacia la Marina de Dubái.
El recorrido oficial terminó de nuevo en el Burj Khalifa para disfrutar del espectáculo de las fuentes del lago. Sin embargo, nuestro trayecto finalizó realmente en la terminal de cruceros, ya que el chófer y el guía accedieron amablemente —por una pequeña propina— a llevarnos directamente hasta allí. Fue un alivio, pues nos ahorró el tener que buscar varios taxis desde el punto de encuentro inicial.
Atravesamos grandes avenidas flanqueadas por edificios futuristas hasta que llegamos a la playa de Jumeirah.
Playa de Jumeirah.
Desde allí tuvimos nuestra primera imagen cercana del Burj Al Arab, el icónico hotel de 7 estrellas con forma de vela. Aunque el sol de frente a esa hora difuminaba un poco su silueta, el efecto era casi místico, como si el barco flotara en una neblina de luz dorada. Fue una parada rápida —el tráfico de Dubái no perdona y nos pilló un buen atasco— pero suficiente para admirar esa obra de ingeniería.
El Burj Al Arab (que significa "La Torre de los Árabes") es el símbolo indiscutible de Dubái, incluso por encima del Burj Khalifa para muchos, porque fue el edificio que puso a la ciudad en el mapa mundial del lujo.
Aunque oficialmente la clasificación hotelera llega hasta cinco estrellas, el Burj Al Arab es mundialmente conocido como el único de siete estrellas. Este término lo acuñó una periodista británica durante la inauguración, al sentir que los estándares de lujo, el servicio de mayordomía 24 horas y la opulencia del lugar estaban a años luz de cualquier otro hotel de cinco estrellas en el mundo.
Un hito de la ingeniería y el diseño: Su construcción comenzó en 1994 y se inauguró oficialmente en diciembre de 1999. Fue un reto arquitectónico sin precedentes:
Ubicación única: Está construido sobre una isla artificial propia, conectada a la costa por un puente privado de 280 metros.
Forma de vela: El arquitecto Tom Wright se inspiró en la vela de un dhow (la embarcación tradicional árabe) para homenajear el pasado marinero de Dubái.
Altura y plantas: Tiene una altura de 321 metros. Aunque solo tiene 28 plantas dobles (56 niveles en total), cada suite es inmensa y ocupa dos pisos.
Lo que lo hace único no es solo su forma, sino lo que esconde en su interior:
Oro por todas partes: Se utilizaron aproximadamente 1.790 metros cuadrados de pan de oro de 24 quilates para decorar los interiores, desde las columnas del atrio hasta los pomos de las puertas y los marcos de los espejos.
El Atrio más alto del mundo: Al entrar, te recibe un atrio de más de 180 metros de altura, con una cascada escalonada y un juego de luces y agua impresionante.
Solo Suites: No existen las "habitaciones estándar". Tiene 202 suites de lujo, la más pequeña de 170 m² y la más grande (la Royal Suite) de 780 m².
Helipuerto de leyenda: Su helipuerto suspendido a 210 metros ha sido escenario de eventos mundiales, como un partido de tenis entre Roger Federer y Andre Agassi, o exhibiciones de Fórmula 1.
Un restaurante "bajo el mar" y otro "en las nubes"
El hotel cuenta con el restaurante Al Mahara, que tiene un acuario gigante de agua salada del suelo al techo, y el Al Muntaha, situado a 200 metros de altura con vistas espectaculares al Golfo Pérsico.




Nuestra siguiente parada fue un contraste total: el Souk Madinat Jumeirah. Si el Dubái Mall es el futuro, este lugar es un homenaje al pasado árabe, aunque con un filtro de absoluto lujo.
Es un complejo precioso, construido con el estilo de las antiguas ciudadelas, con torres de viento y canales de agua que puedes recorrer en barca (abras).
A diferencia de los zocos tradicionales del centro de la ciudad, este es mucho más exclusivo, con tiendas de arte, moda de alta gama y un ambiente mucho más sofisticado.




Lo mejor llegó al final: atravesamos el centro hasta salir a un patio con unas escalinatas. Desde allí, la vista del Burj Al Arab es inmejorable. Al ser ya más tarde, el hotel estaba totalmente iluminado de un color rojo intenso, reflejándose en el agua de los canales. Una imagen de postal.
El fenómeno del "Chocolate de Dubái"
Pero si algo marcó esta parada (y las bolsas de mis compañeros de grupo) fue el chocolate. Últimamente, el chocolate de Dubái se ha convertido en un fenómeno mundial, y allí entendimos por qué.
No es un chocolate cualquiera; la fama le viene por su relleno único, especialmente el de pistacho y "kunafa" (una masa de hilos crujientes típica de la repostería árabe). Esa mezcla de chocolate cremoso con un interior crujiente y dulce se hizo viral en redes sociales (TikTok e Instagram) y ahora todo el mundo quiere probarlo.
En el Madinat Jumeirah las tiendas lucen versiones de lujo, con presentaciones increíbles y precios que reflejan su exclusividad. Es curioso cómo algo tan específico de aquí ha llegado con tanta fuerza a España, donde ya vemos versiones inspiradas en él hasta en los lineales del Carrefour. Eso sí, está exquisito y no tiene nada que ver cuando pruebas el más económico después de haber probado el caro.

Luces y sombras en la Palmera Jumeirah. El milagro sobre el agua.
Tras dejar atrás el chocolate y el lujo del Madinat Jumeirah, nuestro minibús puso rumbo a la famosa Palm Jumeirah (el palmeral)
Debo ser sincera: si vas a visitarla por tierra y de noche, es casi "perder el tiempo". Al ser una isla ganada al mar con esa forma de palmera tan perfecta, la única manera de apreciarla es desde el aire.
Año de construcción: Se empezó en 2001 y los primeros propietarios recibieron sus llaves en 2006. Fue un trabajo contrarreloj que cambió la geografía de la ciudad.
Terreno ganado al mar: Para crear este archipiélago se utilizaron 94 millones de metros cúbicos de arena (extraída del fondo del mar, no del desierto, porque la del desierto es demasiado fina) y 7 millones de toneladas de roca.
Sin cemento ni acero: Lo más increíble es que la estructura de la palmera se mantiene solo con arena y roca; no hay hormigón en su base. Se utilizó una técnica llamada "vibrocompactación" para que la arena se asentara y fuera tan sólida como el suelo firme.
El Rompeolas (The Crescent): El anillo exterior donde está el Atlantis no está ahí solo por estética. Es un rompeolas de 11 kilómetros que protege a las "ramas" del oleaje del Golfo Pérsico. Para que el agua no se estancara dentro de la palmera, el anillo tiene dos aberturas a los lados que permiten que el agua circule y se renueve.
Curiosidad: La Palmera duplicó la línea de costa de Dubái, añadiendo 78 kilómetros de playas nuevas a la ciudad.
Continúo con nuestro recorrido:
Atravesamos el tronco de la palmera y pasamos junto al edificio The Palm Tower. Es ahí, en su planta 52, donde se encuentra el observatorio The View at The Palm, el lugar ideal para divisar las famosas 'ramas' de la isla desde arriba.
Lamentablemente, como ya eran más de las 19:00 horas, el mirador estaba cerrado y desde el suelo la perspectiva se pierde por completo. aunque si hubiera estado abierto tampoco lo incluía nuestra excursión por falta de tiempo.
Esta es una foto de Google , de lo que podríamos haber visto si hubiéramos llegado a tiempo al mirador.
Así es la torre-mirador de día (foto de Google) y así es como la vimos nosotros.
Un detalle curioso: en mi viaje anterior entramos por una zona donde los pilares del puente simulaban troncos de palmera. Es un detalle arquitectónico curioso que esta vez no vimos; probablemente porque la Palmera tiene varios accesos y túneles subterráneos (como el que conecta el tronco con el creciente exterior) supongo que esta vez fuimos por una ruta más directa y funcional, pero menos "artística".



Cuando íbamos por la Avda. King Salman Bin Abdulaziz Al Saud, antes de entrar al palmeral, quedaban a nuestra izquierda los siguientes edificios:
Las dos torres con esas cúpulas tan características que recuerdan al Edificio Chrysler de Nueva York y que se inspiraron claramente en el estilo art decó de ese edificio, se llaman Al Kazim Towers (también conocidas como Business Central Towers). Están situadas en la zona de Dubai Media City
Al estar en la entrada de la Palmera y ser tan altas, son el punto de referencia que marca que ya estás dejando la ciudad para entrar en la isla. Curiosidad: Aunque parecen idénticas, son dos torres independientes que se han convertido en uno de los puntos de referencia más fotografiados de esa avenida.


Seguimos nuestro camino hasta llegar a la zona exterior (último anillo), donde se alza la imponente 'puerta' del Hotel Atlantis, que aunque estaba iluminado, nos dejó con la espinita de no haber podido ver la forma de palmera en todo su esplendor debido a la hora."
El Hotel Atlantis: Mucho más que una "puerta"
Si el Burj Al Arab es la elegancia de una vela, el Atlantis es la fantasía pura. Inaugurado en 2008, este hotel no es solo una mole de color salmón con un arco árabe central; es un complejo de entretenimiento masivo:
El Mito de la Atlántida: Todo el hotel está tematizado con la leyenda de la ciudad perdida de los océanos.
The Lost Chambers: En su interior alberga uno de los acuarios más impresionantes del mundo, con 65.000 animales marinos viviendo entre "ruinas" submarinas que simulan la Atlántida.
Aquaventure: Tiene el parque acuático más grande del mundo. Lo más loco es un tobogán llamado Leap of Faith, donde te lanzas casi en vertical y pasas por un túnel transparente rodeado de tiburones reales.
La Suite del Puente: El arco que une las dos torres no es solo decorativo; ahí se encuentra la Royal Bridge Suite, una habitación de casi 1.000 metros cuadrados donde se han alojado desde Kim Kardashian hasta grandes jeques.
El último anillo de la palmera, lo podemos apreciar mejor en la imagen de Google, el punto rojo es donde yo realicé las fotos desde el autobús a la puerta del Atlantis Hotel.


La dos siguientes fotos son de mi viaje anterior ya que ahora sólo la vimos de noche.

Foto de american Express de Google para que se aprecie mejor la palmera y el punto donde nos encontramos.
Una vez llegado al punto más lejano del palmeral, el último anillo como he comentado antes, deshicimos el camino andado y nos fuimos hacia la marina de Dubai, otro punto que yo conocía pero día, no tiene nada que ver con la noche.
El "Skyline" de ensueño: Dubai Marina
Donde sí recuperamos el asombro fue en nuestra siguiente parada: Dubai Marina. Si el Downtown es el centro del poder y el Burj Khalifa, la Marina es el corazón del estilo de vida moderno y nocturno de Dubái.
Es, sencillamente, impresionante. Algunos datos para entender la magnitud de lo que vimos:
Un puerto artificial de récord: Es el puerto deportivo artificial más grande del mundo. Se construyó excavando el desierto y dejando que el agua del Golfo Arábigo inundara un canal de casi 4 kilómetros de largo.
La "Milla de Oro" de los rascacielos: Lo que hace única a la Marina es la densidad de rascacielos. Están tan pegados unos a otros que crean un "cañón" de cristal y acero. De noche, con todas las luces encendidas y reflejándose en el agua del canal, parece una escena de una película del futuro.
Dubai Marina Walk: Es el paseo peatonal de 7 kilómetros que bordea todo el agua. Está lleno de terrazas, restaurantes de todas las nacionalidades y tiendas. Pasear por aquí es la mejor forma de sentir la energía de la ciudad; hay gente haciendo running, familias paseando y yates de un lujo insultante navegando a paso lento por el canal.
De noche, la Marina tiene un color especial.
Los Dhows (barcos tradicionales) reconvertidos en restaurantes flotantes pasan iluminados con luces de neón y música, contrastando el Dubái antiguo con los rascacielos de fondo.



El "Show" de las Fuentes: Una opinión sincera
Desde la Marina regresamos al centro para el plato fuerte de la noche: el espectáculo de la Dubai Fountain a las 21:00. Si algo aprendimos es que hay que llegar con tiempo, pero en esta ocasión no dependía de nosotros era el transcurso de la excursión, una tarde muy intensa y apretada.
Cuando llegamos, el gentío era tal que tuvimos que buscarnos un hueco en el famoso puentecito como pudimos. Entre cabezas y móviles, levanté los brazos para al menos lograr grabar el baile del agua.
Esa noche, el agua bailaba al ritmo de "Thriller" de Michael Jackson. Y aquí viene mi confesión: me resultó un poco decepcionante. Quizás por la fama que tiene, esperaba un despliegue de luces de colores y efectos más variados, pero la iluminación era siempre blanca.
Me recordó inevitablemente a las fuentes del Hotel Bellagio en Las Vegas, que siguen un estilo muy similar. La torre Burj Khalifa tampoco hizo grandes alardes; cambiaba de blanco a azul con algún letrero, pero nada más. Para ser Dubái, ¡me esperaba algo mucho más explosivo!

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El regreso y un final con buen sabor de boca.
Tras el espectáculo, tocó deshacer el camino. Cruzamos de nuevo el laberinto del centro comercial hasta el parking subterráneo, donde nuestro minibús nos esperaba fielmente. Gracias a la amabilidad del chófer y el guía, que aceptaron llevarnos directamente a la terminal de cruceros por un pequeño suplemento (5€ cada uno), nos ahorramos el caos de buscar transporte por nuestra cuenta.
Después de un día tan agotador, cuando ves estas imágenes dices: "ya estoy en casa"
Llegamos al barco bastante tarde, pasada nuestra hora habitual de cena. La mayoría de los compañeros se fueron directamente a cenar al buffet, pero nosotros, queríamos hacer el intento, el "no" siempre lo teníamos, así que nos acercamos al restaurante.
¡Y qué acierto! Nuestros camareros, con la simpatía de cada día, no nos pusieron ni una pega. Al revés, al haber poca gente en el comedor, nos atendieron con una rapidez increíble. Cenamos de lujo, como cada noche.
Día 7º) 13/12/2025-Sábado
Un nuevo día en Dubái: Desembarque y espiritualidad
Tras una noche de descanso y el penúltimo de nuestros fantásticos desayunos a bordo, llegó el momento del desembarque. Pero nuestro tiempo en esta ciudad de contrastes aún no había terminado. En la terminal nos esperaba de nuevo nuestro autobús para aprovechar las últimas horas explorando rincones que nos habían quedado pendientes.
Un desfile de acero y cristal
El trayecto desde el puerto fue un espectáculo en sí mismo. Atravesar Dubái de nuevo por sus arterias principales es como asistir a una exposición de arquitectura a cielo abierto. Vimos infinidad de rascacielos, a cual más espectacular, cada uno compitiendo por tener la forma más imposible o el cristal más brillante. Es difícil acostumbrarse a un horizonte donde lo "normal" es lo extraordinario.





La Mezquita Al Farooq Omar Bin Al Khattab: La "Mezquita Azul"
Nuestra primera parada fue la Mezquita Al Farooq Omar Bin Al Khattab. Al llegar, la imagen es imponente: un edificio de un blanco inmaculado inspirado en la famosa Mezquita Azul de Estambul.
Como es preceptivo en cada lugar sagrado que visitamos, nos preparamos para entrar con respeto. En esta ocasión, nos indicaron que debíamos ponernos el pañuelo para cubrir el cabello, aunque, por suerte, no nos exigieron llevar la abaya (la túnica larga), algo que se agradece cuando el calor aprieta.
¿Qué hace tan especial a este lugar?
Estilo Otomano: Construida en 2011, destaca por sus 21 cúpulas y sus cuatro esbeltos minaretes de 60 metros de altura que apuntan directos al cielo.
Artesanía de lujo: El interior es una mezcla de arte andalusí y otomano. Las inscripciones fueron talladas a mano por artesanos venidos de Fez (Marruecos) y las alfombras, increíblemente mullidas, son de diseño alemán.
Un puente entre culturas: Esta mezquita no es solo un lugar de oración; es un centro cultural diseñado para que los visitantes entendamos mejor la cultura árabe. Por eso, la hospitalidad aquí es siempre excepcional.
Pasear por su interior, bajo las lámparas de cristal y rodeados de azulejos con detalles azules y dorados, nos regaló un momento de paz absoluto antes de volver al bullicio de los rascacielos.






Museo del Futuro: El edificio más bello del mundo
Nada más llegar, te quedas sin palabras. No es solo un museo, es una obra de ingeniería que parece haber aterrizado desde otro siglo. Su forma, su brillo y el entorno de edificios futuristas que lo rodean crean una estampa que parece sacada de una película.
El Museo del Futuro es una de las incorporaciones más recientes al impresionante perfil de la ciudad. Fue inaugurado oficialmente el 22 de febrero de 2022 (una fecha muy llamativa por su numerología: 22/02/2022).
La fecha de inauguración no fue casualidad; eligieron ese día porque es un palíndromo (se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda), simbolizando que el futuro y el presente están conectados.
Se le conoce como "el edificio más bello del mundo", según palabras del propio jeque de Dubái.
Se encuentra en la Sheikh Zayed Road, la arteria principal de la ciudad. Está situado justo al lado de las Emirates Towers y muy cerca del Centro Financiero Internacional de Dubái (DIFC).
1. Una forma con significado
El edificio tiene forma de un toroide (un óvalo con un vacío en el centro), pero no es una decisión estética al azar:
La forma circular: Representa la humanidad y lo que conocemos hoy.
El vacío central: Representa lo desconocido, el futuro que aún no se ha escrito.
La colina verde sobre la que se asienta: Representa la Tierra, con sus raíces y su estabilidad.
2. Una fachada que "habla"
Lo más impactante es su piel de acero inoxidable. No tiene ni una sola línea recta. Está compuesta por 1.024 paneles (un número que hace referencia a un kilobyte en informática). Lo que ves escrito en ella es caligrafía árabe calada que, por la noche, se ilumina con LED.
Son frases del jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum sobre el futuro, como por ejemplo: “El futuro pertenece a quienes pueden imaginarlo, diseñarlo y ejecutarlo”. ¡Incluso las ventanas son las propias letras de la caligrafía!
3. ¿Qué hay dentro?
A diferencia de los museos tradicionales que guardan cosas del pasado, este es un "museo vivo". Se dedica a explorar cómo será el mundo en el año 2071 (el centenario de los Emiratos):
Tiene plantas dedicadas a la exploración espacial y los recursos del sistema solar.
Zonas dedicadas al cambio climático, la ecología y la biotecnología.
Un área llamada "Future Heroes" diseñada para que los niños imaginen soluciones para el mañana.
4. Ingeniería de récord
Fue diseñado por el estudio Killa Design y el proceso fue tan complejo que tuvieron que usar algoritmos de diseño paramétrico para calcular cada panel. No hay columnas en su interior, lo que lo convierte en un hito de la arquitectura moderna.





Un interior de ciencia ficción
Aunque no visitamos las salas de pago, entramos al vestíbulo y fue un acierto total. Nada más cruzar la puerta, te sientes dentro de una nave espacial del futuro. La sala es inmensa, de un blanco purísimo y con una arquitectura fluida que te deja con la boca abierta.
Lo que más nos llamó la atención (y que es divertidísimo de ver) son los animales voladores. De vez en cuando, unos drones con forma de pingüinos y medusas plateadas flotan por el aire con una suavidad increíble, recorriendo el enorme espacio del atrio. ¡Es hipnótico!
Además, la escalera de caracol es una auténtica obra de arte; sus líneas curvas son perfectas para las fotos. También pudimos ver los ascensores cápsula, que son redondos y de cristal, y parecen sacados de una película futurista cuando suben y bajan por las paredes del edificio.






Las vistas desde la parte trasera: Las Emirates Towers
Antes de irnos, salimos a la parte trasera del museo. Si la fachada principal impresiona, las vistas desde atrás no se quedan cortas. Desde allí se tiene una perspectiva espectacular de las Emirates Towers, dos de los rascacielos más elegantes y emblemáticos de Dubái. El contraste entre la forma curva y caligráfica del museo con las líneas rectas y afiladas de las torres es la imagen perfecta de cómo esta ciudad combina el diseño más arriesgado con su skyline más clásico.

De compras por el Zoco Viejo: El arte del regateo
Llegamos al Zoco Viejo de Deira y Bur Dubai. Mi primer consejo para cualquiera que visite esta zona es claro: id a vuestro aire. Los guías suelen llevarte a tiendas donde ellos cobran comisión y los precios están inflados. Lo mejor es perderse por los callejones, fijar un punto de encuentro y una hora, y lanzarse a explorar.
Aquí el regateo no es una opción, es una obligación. Si no regateas, estás pagando de más. De hecho, me pasó algo muy curioso: en una tienda, antes siquiera de darme el precio de un artículo, el dependiente insistía una y otra vez en que le dijera con qué grupo venía. Como sabía que eso era solo para calcular la comisión del guía, me di media vuelta y compré en otro sitio. ¡No hay que dejarse engañar!
Aunque dimos una pequeña vuelta por la zona, las compras nos impidieron explorarlo todo, en mi primer viaje entramos por otra zona donde comenzamos con un castillo y la parte cubierta del zoco más bonita.
Old Baladiya Street (entrada al zoco) y Belhoul Mosque /green masjid

Old Baladiya Street (Calle de la Antigua Municipalidad). Es una de las calles con más historia de Dubái. Recientemente ha sido transformada en un corredor peatonal turístico que conecta varios de los mercados tradicionales más famosos de la zona de Deira (la orilla norte de la ría).
Es el acceso principal a una calle peatonal llena de vida que sirve de nexo entre los zocos más importantes. Al entrar, te encuentras en un pasaje flanqueado por tiendas de textiles, recuerdos y productos tradicionales. Es famosa por albergar:
- El Museo de la Municipalidad de Dubái.
- El acceso directo al Zoco del Oro y al Zoco de las Especias.
Una arquitectura que conserva el estilo de mediados del siglo XX, con sus característicos letreros y ambiente de comercio auténtico.
Inciso: Yo pensé que cuando hablaban de llevarnos al zoco de compras se referían al grand Souk que está en la otra orilla de la ría (Dubai Creek) es decir, en el lado sur, donde fuimos al final al restaurante.
Este es el que yo vi en mi anterior viaje y es mucho más bonito, más auténtico, más limpio, hay mas torres del viento, un Castillo" (Fuerte Al Fahidi / Museo de Dubái), etc. pero cada guía tendrá sus preferidos según la comisión que le den.
Resumen: Para ir de La Old Baladiya Street, "arteria" que conecta los mercados de Deira. al restaurante Al Khayma o en el fuerte (Bur Dubai), solo hay que cruzar en la barca, tal como lo hicimos nosotros al precio de 1 dírham
Cruzando el Dubai Creek: Los Abras
Una vez terminadas las compras, nos dirigimos al pequeño muelle para cruzar a la otra orilla de la ría (Dubai Creek). Para ello usamos los Abras, que son las barcas de madera tradicionales que los locales llevan usando siglos.
Son barcos sencillos, abiertos, donde vas sentado en un banco central de madera casi a ras del agua. El trayecto apenas dura unos 5-10 minutos, pero es mágico: el olor a especias, el sonido del motor diésel y la brisa te transportan a otra época. Además, es increíblemente barato (apenas cuesta 1 dírham para los locales).


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El "otro" Dubái: El barrio de Al Fahidi y Bur Dubai
Al llegar a la otra orilla, el paisaje cambia radicalmente. Aquí no hay opulencia, ni mármol, ni pantallas LED. Es el Dubái más auténtico y, a ojos del turista acostumbrado al Burj Khalifa, el más pobre.
En esta zona viven principalmente los trabajadores expatriados de India, Pakistán y Bangladesh, que son quienes realmente mantienen la ciudad en marcha. Las casas son bajas, de colores arena, y las calles son estrechas para combatir el sol. Es un contraste brutal que te hace poner los pies en la tierra.
Una parada con sabor local: Al Khayma Heritage Restaurant
Para terminar de sumergirnos en la cultura emiratí, entramos en una casa típica reconvertida en restaurante: el Al Khayma Heritage Restaurant, en el distrito histórico de Al Fahidi. Este lugar es famoso (incluso recomendado por la Guía Michelin) por mantener vivas las tradiciones.
Nos hicieron pasar a una bonita sala, decorada con alfombras y cojines en el suelo, respetando la arquitectura de las antiguas "casas de viento". Allí nos recibieron con una hospitalidad increíble: nos sirvieron té árabe caliente y dátiles, y nos mostraron sus productos típicos. Fue el momento perfecto para descansar y entender que Dubái, bajo sus capas de cristal y acero, sigue guardando con orgullo sus raíces de desierto y mar.





Despedida de Dubái: Entre cocos y puestas de sol
Aproximadamente a las 13:30, nuestra excursión llegó a su fin y pusimos rumbo de regreso al barco. Tras el ajetreo de la mañana entre rascacielos, museos, mezquitas, zocos y barcas tradicionales, estábamos famélicos, agradecimos el buffet para disfrutar de la comida.
Después de comer, aprovechamos para dar un paseo por la cubierta. Nos llamó la atención un colorido puesto de cocos frescos que le daba un toque tropical y refrescante al ambiente del crucero.

Tras el paseo, nos retiramos un rato al camarote para descansar y reponer fuerzas antes de nuestra cita diaria en el Teatro Delphi para el espectáculo nocturno.
Como broche final a nuestra estancia, nos quedamos en el balcón de nuestra habitación. Desde allí, pudimos disfrutar de una de esas maravillosas puestas de sol que solo el desierto y el mar pueden regalar, una despedida perfecta y dorada para nuestra inolvidable visita a Dubái.
Foto final de despedida del grupo.
Día 8º) 14/12/2025-Domingo
Hoy era el día de nuestra partida y aunque el vuelo no salía hasta las 15:20, teníamos que desembarcar a las 09:40 desde el puerto de Doha para llevarnos al Aeropuerto.
Las maletas, como en todos los cruceros las teníamos que dejar la noche antes en la puerta del camarote, sólo nos habíamos quedado con una mochila o bolsa pequeña con los artículos que nos hicieran falta para esa noche y la mañana siguiente.
Después del desayuno y hasta la hora prevista de desembarque nos dio tiempo a pasear por cubierta y a hacer algunas fotos más del puerto de Doha como desdida.
Vistas desde el barco. De la mayoría de los lugares que divisamos desde aquí ya los comenté en l primer capítulo.
Barrio de Mina
Panorámicas más icónicas de Doha, con el impresionante skyline del distrito de West Bay, el corazón financiero y moderno de la ciudad.
Destacan los siguientes edificios:
Sheraton Grand Doha Resort (Edificio piramidal): Es la estructura blanca en forma de pirámide que destaca en el centro. Inaugurado en 1982, es el rascacielos más histórico de la zona y un símbolo del inicio de la modernización de Qatar.
Burj Doha (Torre de Doha): Es el edificio de forma cilíndrica con una cúpula en la parte superior. Su fachada tiene un diseño de intrincada celosía metálica inspirada en la arquitectura islámica antigua para proteger el interior del calor.
Palm Tower: Son las torres gemelas que terminan en una forma que recuerda a la parte superior de una palmera.
Lo que hace especial a esta foto es el contraste entre el Dhow tradicional en primer plano y la arquitectura futurista de fondo, representando perfectamente la esencia de Doha: un pie en sus raíces y otro en el futuro.



Famoso Estadio 974. Desde el barco parece un lego gigante.
Se inauguró para el Mundial de Qatar 2022 y es el primer estadio de la FIFA totalmente desmontable.
A diferencia de otros estadios que se quedan como "elefantes blancos" (grandes estructuras sin uso), el 974 fue diseñado para ser desarmado completamente después del torneo.
La idea es que sus piezas (los contenedores y la estructura de acero) se puedan reutilizar en otros lugares o para construir varios estadios más pequeños.
Se encuentra en una zona privilegiada, junto al mar, en la zona de Ras Abu Aboud.
Gracias a su diseño abierto y su ubicación frente a la costa, el estadio aprovecha la brisa marina para enfriarse de forma natural, por lo que fue el único estadio del Mundial 2022 que no necesitó refrigeración artificial.
Aunque el plan original era desmontarlo inmediatamente después del Mundial, el proceso se ha demorado porque ha servido para otros eventos (como la Copa Asia). Actualmente, está en fase de desmantelamiento gradual, y se dic e que sus partes podrían ser donadas a países que necesiten infraestructura deportiva.

En la siguiente imagen, el museo de Catar, la bonita flor del desierto, aunque parece una imagen en sepia, es real sin retocar, a esas horas de la mañana
Esta espectacular estructura es el Estadio Al Thumama.
Inspiración cultural: Su diseño es uno de los más especiales de Catar, ya que imita la forma de la gahfiya, el tradicional gorro tejido que llevan los hombres y niños en todo el mundo árabe. Es un símbolo de dignidad e independencia.
Capacidad y uso: Fue construido para el Mundial de Fútbol de 2022, donde albergó varios partidos importantes, incluyendo los cuartos de final. Tiene capacidad para unos 40,000 espectadores.
Sostenibilidad: Al igual que otros estadios de la zona, cuenta con una tecnología avanzada de refrigeración para mantener una temperatura agradable en el interior, algo fundamental en el clima del desierto.
Futuro del estadio: Tras el Mundial, el plan es reducir su capacidad a la mitad y donar los asientos sobrantes a países que necesiten infraestructura deportiva. El espacio liberado se utilizará para clínicas deportivas, hoteles y locales comerciales para la comunidad local.

Y así, tras pasar junto al imponente Estadio Al Thumama que nos saludaba desde la carretera, llegamos al Aeropuerto Internacional de Hamad.
Es un lugar que impresiona nada más entrar; entre su famoso oso gigante amarillo y sus jardines tropicales interiores (bosque bajo techo). esculturas, etc. la espera para el vuelo se hizo corta.
El diseño del aeropuerto está inspirado en las olas del mar y las dunas del desierto, con techos ondulados que son una maravilla arquitectónica. Además, es famoso por ser increíblemente silencioso y eficiente pese a que pasan por allí millones de personas.
Ha sido elegido varias veces como el Mejor Aeropuerto del Mundo por Skytrax, superando incluso al de Singapur.
Un final de lujo para un viaje inolvidable por los Emiratos y Catar."






Nuestro vuelo, todo perfecto con salidas y llegadas puntuales, sólo las mismas quejas del viaje de ida, la comida y el espacio de los asientos.
Al llegar a Madrid y recogida de maletas, tomamos nuestro coche aparcado en el eropuero y emprendimos rumbo a Sevilla, llegando sanos, y salvos, henchidos de felicidad.
Punto y final: El balance de una travesía inolvidable
Echar la vista atrás tras estos días de navegación es repasar un álbum lleno de contrastes imposibles. Este crucero por el Golfo Pérsico ha sido mucho más que un viaje; ha sido una inmersión en un mundo donde el ayer y el mañana conviven en cada puerto.
Desde la elegancia de nuestro barco, que se convirtió en nuestro hogar flotante y donde cada cena era una celebración, hasta los destinos que nos han dejado sin aliento:
Doha: Inicio y fin, con su arquitectura futurista y sus estadios de diseño que parecen de otro planeta.
Baréin: Una sorpresa llena de historia y autenticidad que nos cautivó.
Abu Dabi: Donde la majestuosidad de la Gran Mezquita nos regaló uno de los momentos más espirituales del viaje.
Dubái: La ciudad de los récords, con sus rascacielos infinitos y el alma de sus zocos tradicionales.
Nos despedimos con el móvil lleno de fotos y la maleta llena de recuerdos: el sabor de los dátiles, la brisa en la cubierta, el brillo del desierto y la calidez de su gente.
Ha sido un privilegio recorrer estas tierras de la mano de un crucero que nos ha permitido ver lo mejor de Oriente de la forma más cómoda posible.
¡Gracias por seguir este viaje conmigo! Nos vemos en el próximo viaje.
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